Dr. Rodrigo Alcántara Vela, especialista en Ortopedia y Traumatología
Traumatólogo y cirujano de rodilla · Ciudad de México
Si estás leyendo esto, lo más probable es que tu rodilla lleve por lo menos 18 meses mandando en tu vida.
Subes las escaleras de una en una, empezando siempre con la pierna buena. Te lo piensas dos veces antes de hincarte en el patio. Levantarte de un sillón bajo se volvió una maniobra a dos manos, tomando aire. Sacar al perro, aguantar de pie en el súper, agacharte a jugar con los nietos, las cosas que dabas por hechas, ahora son cosas que tienes que planear.
Y ya le intentaste con lo obvio.
Compresas calientes. Voltaren. Flanax o Dolo-Neurobión. Una o dos rondas de fisioterapia a $700 la sesión que ayudaron un par de días y después la rodilla volvió a ponerse tiesa. Quizá una infiltración de cortisona que funcionó de maravilla seis semanas y luego dejó de funcionar. Quizá tu médico general ya te mencionó, con cuidado, que te va a mandar con el traumatólogo.
Y ahora estás en el peor lugar de todos: con demasiado dolor para vivir normal, pero no tan mal como para rendirte a una prótesis de rodilla y a los meses de rehabilitación que vienen después.
"Yo nada más quiero que me lo arreglen. Si hace falta, agendo la prótesis hoy mismo."
El invierno pasado, Guadalupe se sentó frente a mí. Una maestra de primaria jubilada de 62 años, de Querétaro. Había pasado por tres médicos generales, dos fisioterapeutas y una infiltración de cortisona antes de que por fin la mandaran conmigo.
Le dije lo que le digo a casi todos los pacientes que se sientan en esa silla.
Una prótesis de rodilla, para el dolor crónico después de los 45, es la última opción, no la primera.
Y en el caso de Guadalupe, como en la mayoría de los casos, el problema de fondo no era una articulación tan acabada que hubiera que cambiarla.
Era un problema de riego sanguíneo.
Quiero explicarte qué quiero decir con eso, porque si tu rodilla lleva uno o dos años dándote lata, lo que te voy a contar probablemente nadie te lo ha dicho. Ni tu médico general. Ni tu fisioterapeuta. Ni nadie de los que te venden cortisona.
Y en cuanto lo entiendas, va a tener sentido por qué nada de eso te ha funcionado.